Sábado, 13 dic (RV).- El director de nuestra emisora y de la Oficina de Prensa de
la Santa Sede, Padre Federico Lombardi, dedica su editorial – Octava Dies – de esta
semana a la Instrucción que se presentó, ayer, titulada ‘Dignitas personae’ sobre
algunas cuestiones de bioética, de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
«El
nuevo documento vaticano sobre bioética puede dar – en una primera lectura superficial
– la impresión de que se trata de una colección de prohibiciones – de ‘no’. Pero no
es así. Se funda, a partir del mismo título, en una afirmación fundamental de la ‘dignidad
humana de la persona’ y prosigue con una serie de afirmaciones positivas sobre la
dignidad del matrimonio y de la unión personal de los esposos en dar origen a la vida,
sobre los resultados positivos de la ciencia en superar las patologías de la infertilidad,
sobre la investigación y el uso terapéutico de las células estaminales adultas y otros
puntos».
«En un contexto lleno de graves y fundadas preocupaciones por los
riesgos de manipulación de la vida humana gracias a las nuevas posibilidades ofrecidas
por las ciencias biológicas y médicas, el documento ‘Dignitas personae’ se presenta
como un poderoso faro de luz y un manantial de confianza».
«Con un enfoque
claro y comprensible, gracias a la afirmación de pocos principios esenciales, logra
desarrollar un discernimiento ético seguro sobe toda una serie de situaciones complejas,
hoy muy discutidas no sólo en ámbito científico, sino también de la opinión la pública
y de la vida común. Los principios son estos: el respeto al ser humano desde su concepción
y el respeto de la transmisión de la vida a través de la unión de los cónyuges. Son
principios que pueden ser comprendidos por todos, pero están afianzados por la visión
cristiana del hombre».
«La Iglesia - reitera nuestro director - piensa que
debe ser valiente y decidida en afirmarlos. La continuidad del desarrollo del ser
humano desde su concepción no permite incertidumbres en la defensa del embrión y de
su dignidad. Así como, cada ser humano tiene derecho a nacer de la unión de dos padres
y de no ser producido, por encargo en un laboratorio, por la habilidad técnica de
un médico. Es una posición en favor de seres humanos pequeños y débiles, que no tienen
voz y que hoy – en verdad – no encuentran a muchos que hablen en su favor».
«Es
una posición que se requiere ante el actual desarrollo de la biología y de la medicina
aplicada a los problemas del comienzo de la vida humana y es previsora. Da una contribución
no sólo lícita, sino debida, para orientar en sentido positivo el compromiso de la
investigación y de la medicina. Los grandes resultados que se están obteniendo en
el empleo de las células estaminales adultas – cordialmente alentados por la ética
católica – son un ejemplo muy iluminador.
Por lo tanto, no se trata de forma
alguna de un ‘alto’ en el compromiso de la ciencia en favor de la vida, sino todo
lo contrario, de una serie de indicaciones de recorrido para que la ciencia esté verdaderamente
al servicio de la vida y no de la muerte o de la arbitraria y peligrosa manipulación
de los seres humanos. Es una contribución valiente, apasionada y convencida, por una
noble causa.